Un desafío urgente

Existe un desafío urgente a enfrentar: nuestros hijos necesitan estar nutridos espiritual y moralmente. No debieran ser dejados a la deriva en un mundo cargado de peligros morales. En el estado actual de la sociedad los niños enfrentan un destino cruel.

Millones y millones en un país tras otro están socialmente desplazados. Los niños se encuentran alienados por sus padres y otros adultos ya sea que vivan en condiciones de riqueza o de pobreza. Dicha alienación tiene su raíz en el egoísmo nacido del materialismo que existe en el centro mismo de la irreligiosidad que se ha adueñado del corazón de la gente en todas partes.

La marginación social de los niños de nuestro tiempo es signo inequívoco de una sociedad declinante; dicha condición, sin embargo, no está limitada a raza, clase, nación, o condición económica alguna, las atraviesa a todas. Nuestros corazones se apenan al ver que en tantas partes del mundo los niños son usados como soldados, explotados como trabajadores, vendidos en virtual esclavitud, forzados a la prostitución, hechos objeto de la pornografía, abandonados por padres entregados a sus propios deseos, y convertidos en víctimas de otras maneras demasiado numerosas de mencionar.

El daño espiritual y psicológico es inestimable. Nuestra comunidad mundial no puede escapar a las consecuencias de estas condiciones. Comprender esto debiera servir de acicate para esforzarnos, de manera urgente y sostenida, por los intereses de los niños y del futuro.

Los niños constituyen el tesoro más preciado que una comunidad pueda poseer ya que en ellos está la promesa y la garantía del futuro. Llevan las semillas de la característica de la futura sociedad la cual, en gran medida, estará dada por aquello que los adultos que conforman la comunidad hagan o dejen de hacer con respecto a los niños.

Son un bien que ninguna comunidad puede descuidar impunemente. Un amor por los niños que todo lo abarca, la manera de tratarlos, la calidad de atención que se les presta, el espíritu de comportamiento adulto hacia ellos, son algunos de los aspectos vitales de la actitud requerida. El amor exige disciplina y coraje para acostumbrar a los niños a la privación, no ceder a sus caprichos ni dejarlos librados a sus propios medios.

Es necesario mantener un ambiente en el cual los niños sientan que pertenecen a la comunidad y compartan sus propósitos. Deben ser amorosa pero insistentemente guiados a vivir de acuerdo a las normas de la comunidad.

Add comment May 30th, 2006


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